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>De esto nadie se va a enterar nunca!

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Bernardo es un estudiante universitario, hijo de papá como se dice, es hijo único y su familia es dueña de una cadena de supermercados: “Mis padres creyeron que lo mejor para mí era entrar en colegios públicos y luego en la universidad nacional, aunque nunca aceptaban a mis amistades”. Fue así que conoció a una abogada mayor que él, se enamoró y se mudó a vivir con ella, a pesar de todo lo que sus padres le dijeron: “Mi problema es que hoy me doy cuenta que ellos tenían razón y ahora me fijé en alguien menor, pero que me jugó medio mal, así que no sé que hacer”, dice. Está es su historia…
Bernardo tiene 24 años, y a pesar de tenerlo todo en la vida, siempre fue un chico solitario, dice que sus padres pasaban horas trabajando y él se quedaba solo con la gente del servicio: “Ni primos de mi edad con quienes jugar no tuve. Y como mis padres tuvieron la brillante idea de meterme en un colegio público para que gua’u valorara las cosas, mis compañeros siempre me tuvieron rabia y nunca me permitieron acercarme; difícilmente hice algunos pocos amigos que no eran bienvenidos en casa por no estar en el mismo círculo social”.
Nuestro entrevistado está estudiando derecho, vive con su novia Isabel de 33 años, que es abogada y tiene su oficina a unas cuadras del lugar donde viven: “A ella la conocí porque es hermana de un compañero; también es de buena posición social, pero al principio no fue aceptada por mis padres, no solo por su edad, sino porque ella es separada; al final los convencí por el lado social, porque es hija de un conocido político. Mamá me dijo, entre otras cosas, que tarde o temprano me iba arrepentir de mudarme con ella, de formalizar, porque me iba a fijar en alguien de mi edad, ¡y eso fue lo que me pasó!”
Bernardo cuenta que se hizo muy amigo de su compañero para estar cerca de la abogada: “Yo buscaba estar cerca de ella siempre, me inventaba trabajos para que ella me ayude y como su hermano es un despelotado a quien en realidad no le interesa la carrera, es de esos que por ser hijo de papá ya tiene el título asegurado, pues ella nunca se daba cuenta que era en joda nomás todo lo de las tareas. Me pasaba horas en su casa o en su oficina, y bueno allí viví de cerca su separación; le di mi hombro para que llore por su fracaso matrimonial; luego Isabel aceptó mis besos y una noche después de una farra terminamos en su departamento”.
Bernardo reconoce que le costó llevarla a la cama, que se enamoró y no tuvo dramas en llevarla a su casa, presentarla a sus padres y luego tomar la decisión de ir a vivir con ella: “Hace cinco meses me mudé con ella y cada quien siguió viviendo a su ritmo, yo totalmente dedicado a mis estudios y ella trabajando y controlándome por celular en todo momento. Controles que al principio me parecieron super románticos, pero que ahora ya me pichan”.
LA OTRA
En el mismo edificio en donde viven, también vive la secretaria de Isabel, tiene 20 años y todas las mañanas golpea la puerta porque se va con la abogada en su auto: “Se llama Martha, y creí que vivía con su familia unos pisos más arriba que nosotros. Es una chica muy linda, cuerachona, y es muy confianzuda, suele venir a arreglarse en casa cuando va salir un viernes en la noche y yo creía que para que sus padres no le llamaran la atención, porque siempre decía “si papi me viera así, no me daría permiso”.
Esa chica, una mañana, vio a Bernardo sin ropa interior, porque él, creyendo que su novia ya se había ido, entró así a la cocina: “Yo me tapé como pude y sin decirle nada me fui y me encerré en mi habitación, después de un rato Isabel salió del baño y ahí recién se despidió de mí. Ni cuenta se dio de nada, pero después del incidente, ella empezó a lanzarme miraditas insinuantes cada vez que nos veíamos. Miraditas que yo respondía, así que fue como un jueguito inofensivo entre nosotros”.
Un jueguito inofensivo hasta que un lunes, la secretaría golpeó la puerta y la abogada se fue con ella. Pero una hora después, volvieron a tocar la puerta, Bernardo se levantó a abrir y se encontró con la vecinita: “le pregunté qué pasó porque lo primero que pensé es que mi novia le mandó. Ella entró y cerró la puerta, y ahí vino junto a mí, metió la mano en mi ropa interior y me dijo en el oído “de esto nadie se va a enterar nunca, esto nunca pasó”, y me besó en la boca”.
Bernardo dice que no se lo esperaba, y además, estaba casi dormido, pero respondió a ese beso: “yo estaba por la pared y ella con la mano en mi ropa, y era claro lo que quería. Ella me miró y me dijo: “yo salí a hacer una diligencia, estoy en el centro, no estoy aquí, no te estoy tocando, no te estoy besando, no te deseo”, y yo me di cuenta que lo que me proponía era demasiado ventajoso, porque íbamos a hacer algo pero se iba a quedar como secreto”.
Entonces el universitario reaccionó: “yo soy un muchacho joven, viril, me gustan los juegos de seducción que a veces con mi novia ya no tengo, y bueno, antes que volverle a preguntar algo más, me bajé el short y le dije no, esto no está pasando, y le llevé al sofá. Luego ella se puso su ropa y se fue, y todo ese día yo esperé una llamada de ella, pero no hubo ni señales. De hecho recién dos días después la vio”.
PELIGROSO
Bernardo dice que andaba nervioso y solo quería encontrar nuevamente a la vecina: “El miércoles tempranito le tocó la puerta a mi novia, y yo aproveché que Isabel se estaba maquillando en el baño y le dije voy a abrir, y fui y Martha se quedó frente a mí y me comenzó a acariciar la delantera. Le dije me encanta que seas tan atrevida, y ella me dijo no sé por qué me decís eso, porque yo no estoy haciendo nada”.
El muchacho volvió a la habitación porque escuchó los pasos de su novia, que lo saludó con un beso y se despidió: “Cuando ella se fue me tiré a la cama y me quedé pensando que nunca me pasó algo así, porque Martha hacía las cosas pero no aceptaba lo que estaba haciendo. Yo, como no quiere la cosa, le conté a unos amigos, pero les dije que otro amigo me contó y que ellos pensaban. Me dijeron que le diga a mi amigo que se cuide, porque esa se hace la loca, pero puede armar kilombo en cualquier momento”.
Bernardo decidió que debía hablar con la vecina, pero en serio: “Revisé el celular de mi novia y encontré su número. Esa tarde le llamé desde la facultad y ella me dijo eh, vecino, qué sorpresa, y le pregunté si podíamos vernos y me dijo pero si todos los días nos vemos. Martha, me parece que tenemos que hablar, le dije, y me dijo que su familia iba a Ciudad del Este ese fin de semana, y que como iba a estar sola yo podía pasar por su departamento”.
“¿Ese es su marido?”
Nuestro entrevistado ese viernes le dijo a su novia que el sábado iba a estudiar hasta tarde, y ella le dijo que aprovecharía para visitar a sus padres: “Así quedamos. Así que ese sábado, cerca de las seis y media, me subí los cuatro pisos y te toqué el timbre a Martha. La puerta se abrió, pero todo estaba oscuro; entré y ella me esperaba detrás de la puerta desnuda. Eso me desubicó, porque si yo quería hablarle era para que pongamos en claro lo que estaba pasando, pero soy de carne y hueso y verle así me hizo olvidar mi objetivo. No podés hacer esto, le dije, y ella me dijo al oído pero si no estoy haciendo nada”.
A Bernardo comenzó a molestarle que Martha no asuma nada de lo que estaba pasando: “No entiendo qué pasa, le dije, pero ella ya me estaba bajando el cierre y llevando a su pieza, y yo dejé que todo pase para después hablar con ella. Le dije que me gusta mucho, pero que me está enloqueciendo porque actúa como si nada pasa. Ella seguía acariciándome, hasta que le atajé y le dije ¿sabés que te estás acostando con el novio de tu amiga?”. Ahí me pidió que me vaya. Me fui sin saber qué pensar, y esa noche antes de lo esperado fui a buscarle a mi novia, le dije que me aburría mucho estudiando solo y que mejor paseábamos un rato antes de volver. Aproveché y le dije que la vecina me parecía un poco rara. Lo que pasa es que con el marido que tiene cualquiera se va a volver loca, me dijo, y le dije ¿qué marido?, y mi novia me dijo que ella vive con su marido y la familia del tipo, o sea los hijos del tipo. ¿Ese viejo que parece su papá es su marido?, le dije, y me dijo que sí”.
Bernardo se quedó sin saber qué decir, se sentía ofendido: “me engañó y no me gustó eso, así que al día siguiente fui a esperarle a dos cuadras de su trabajo y le llamé por el celular para decirle que le esperaba a dos cuadras, que se invente algo para salir. Ella vino y me dijo si qué quiero, que entre nosotros nunca pasó nada y que por qué quiero bolonki. Lo primero que yo le dije es por qué me mintió, por qué me dijo que vivía con su papá cuando ese señor en realidad era su marido, y ella me dijo: ¿querés que te diga la verdad? Y sí, le dije, porque te deseaba demasiado, y si te contaba la verdad jamás me ibas a llevar el apunte”. Me dijo que yo no sé nomás, pero que mi novia se pasa hablando de cosas íntimas, de que yo estoy demasiado bien, que soy excelente amante y que ella se fue enamorando así de mí. Ah, ahora también estás enamorada, le dije, y me dijo que ya sabe que no me importan sus sentimientos, pero que yo le pedí la verdad y que la verdad era que ella solo pensaba en mí. Te quiero, me dijo y así estamos. Cada que podemos nos encontramos, pero no sé, a pesar de sentir algo muy fuerte por ella y a veces querer dejarlo todo y decirle que haga lo mismo, pienso en su situación, en que me mintió y más bien tengo ganas de dejarlo todo y alejarme de ella”, termina diciendo.
fuente el “popu”

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